BICHO - Alfred Batlle Fuster
- anel-books

- 20 jul 2025
- 2 Min. de lectura
La metamorfosis del horror contemporáneo
Hay libros que perturban, otros que inquietan, y unos pocos —muy pocos— que transforman. BICHO, la nueva novela de Alfred Batlle Fuster, pertenece a esta última categoría. No se trata de una obra de horror convencional ni de un ejercicio de estilo decorativo: BICHO es una incursión radical en los bordes difusos entre lo humano y lo inhumano, lo corporal y lo simbiótico, lo interno y lo infestado.
La historia sigue a Mauro, un hombre común que, tras un accidente menor con su coche, comienza a experimentar una serie de transformaciones —físicas, sensoriales, espirituales— que lo arrastran a una dimensión de existencia donde los límites de la identidad se desdibujan. Lo que comienza como una simple incomodidad con los insectos que aparecen en su casa, pronto deriva en una conversión ontológica: el coche se vuelve cuerpo, la voz del bicho se internaliza, y el lenguaje humano cede ante ideogramas orgánicos dictados desde otra conciencia.
La prosa de Batlle Fuster es precisa y envolvente. Lejos de recurrir al efectismo, el autor apuesta por una densidad poética que recuerda por momentos a Kafka, por otros a Ballard, pero que en realidad construye una voz absolutamente singular. Los párrafos se expanden como plagas, crecen hacia los márgenes de la página, como si intentaran invadir al lector desde dentro.
Cada capítulo funciona como un estadio larval, el libro estructura la degradación progresiva del protagonista como un rito iniciático. En este descenso, la biología se convierte en teología. El insecto no es solo criatura: es símbolo, es dios, es huésped, es espejo.
Pero lo más inquietante de *BICHO* es su modo de implicar al lector. En su tramo final, el libro rompe sutilmente la cuarta pared. El sonido de un aleteo apenas audible "tras la página" convierte la experiencia de lectura en un acto de riesgo: uno sale de este libro diferente, como si hubiese sido visitado por algo que no tenía forma… hasta ahora.
Y es que su poder radica justamente en esa ambigüedad inasible: ¿es este un libro sobre la locura? ¿Sobre la divinidad en forma larval? ¿Sobre una nueva forma de lenguaje más allá del humano?
Sea como sea, BICHO no es una historia que se lee. Es una historia que te habita.
Y, una vez dentro, ya no se va.


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