KAEL — Jonah Bennett
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- 22 jul 2025
- 12 Min. de lectura
Actualizado: 23 jul 2025
KAEL— Un viaje transgresor hacia la esencia del ser
En KAEL, la novela fantástica encuentra un terreno inexplorado al disolver la barrera entre cuerpo y espíritu, proponiendo una mitología contemporánea donde la identidad se fragmenta y se reconstruye en un universo dual y simbiótico. A través de la odisea de Kael, un hombre despojado voluntariamente de su alma, el autor despliega una trama que se adentra en los recovecos del alma humana, no como entidad intangible, sino como un componente tangible, político y tecnológico.
El mundo que se despliega es rico en detalles, con una prosa que conjuga la elegancia literaria y la precisión conceptual, y donde el conflicto principal surge no solo de fuerzas externas, sino de la fractura interna entre lo que somos y lo que podríamos ser. La novela desafía convenciones al presentar la simbiosis inversa entre alma y cuerpo, la rebelión de las memorias olvidadas, y el choque cultural entre quienes veneran al alma y quienes la consideran una carga parasitaria.
Destaca la capacidad del autor para construir personajes complejos y mundos complejos, que reflejan inquietudes contemporáneas sobre la identidad, la libertad y la transformación, al tiempo que invita a cuestionar la naturaleza misma del ser. KAEL no es solo una novela fantástica: es una meditación literaria sobre la metamorfosis y la posibilidad de renacimiento desde las sombras de uno mismo.
Entrevista a Jonah Bennett, autor de KAEL
Revista Laberintos Periféricos: Jonah, gracias por concedernos esta entrevista. Para comenzar, ¿podrías contarnos cómo nació la idea de KAEL? ¿Qué fue lo que te impulsó a explorar el concepto de alma y cuerpo desde una perspectiva tan profunda y poco convencional?
Jonah Bennett: Gracias a vosotros por el espacio. La idea germinó hace años, a partir de una inquietud que siempre me ha perseguido: ¿qué somos realmente? Más allá de la carne y el pensamiento, hay algo intangible que llamamos alma, pero ¿qué es esa esencia? La novela nace de ese interrogante, llevado a un plano narrativo donde la separación y la interacción entre cuerpo y alma se convierten en una travesía existencial. Quise romper con las visiones tradicionales para explorar el alma como una entidad viva, independiente, con deseos, conflictos y voluntad propia.
RLP: Esa ruptura entre cuerpo y alma, tan radical en tu historia, plantea muchas preguntas filosóficas. ¿Cómo combinaste ese aspecto metafísico con la narrativa para que fuera accesible pero también evocadora?
Jonah Bennett: Creo que la clave estuvo en humanizar esa separación. No quise que el alma fuera un concepto abstracto sino un personaje más, con voz y emociones. Al hacerlo, el lector puede conectar con esa dualidad y sentirla en carne propia. Por supuesto, el lenguaje juega un papel fundamental: busqué una prosa rica y evocadora que invite a sumergirse en ese mundo sin perder el pulso de la historia.
RLP: La atmósfera que construyes en KAEL es muy densa y casi onírica. ¿Qué referencias o experiencias inspiraron esa ambientación?
Jonah Bennett: Sin duda, las experiencias personales en momentos de introspección profunda y las lecturas sobre espacios liminales y oníricos fueron muy influyentes. También el simbolismo del inframundo en diversas culturas, desde la Grecia antigua hasta las tradiciones místicas orientales. Quería que las grutas fueran un lugar donde lo físico y lo espiritual se funden y chocan, un espacio de peligro y revelación al mismo tiempo.
RLP: En KAEL, el personaje principal, Kael, vive una experiencia que descompone la tradicional unión entre alma y cuerpo. ¿Podrías hablarnos sobre la construcción de Kael como protagonista? ¿Qué querías transmitir a través de su viaje?
Jonah Bennett: Kael es, en muchos sentidos, un reflejo de la incertidumbre humana ante lo desconocido y la fragmentación interna. Quise que fuera alguien vulnerable, pero también con una voluntad inquebrantable. Su viaje es una metáfora del autodescubrimiento, pero también de la lucha por la integridad cuando los cimientos de la identidad se desmoronan. Kael encarna ese espacio liminal donde la pérdida y la búsqueda se entrelazan.
RLP: La relación entre Kael y su alma, que se manifiesta como una criatura luminosa y majestuosa, resulta fascinante. ¿Cómo desarrollaste ese vínculo simbólico?
Jonah Bennett: Desde el inicio supe que el alma debía ser un personaje con autonomía, con dudas y deseos propios. La forma de criatura luminosa buscaba representar esa pureza y poder interior, pero también su fragilidad y distancia respecto al cuerpo humano. La tensión entre ambos es central, porque plantea preguntas sobre la identidad: ¿somos la suma de cuerpo y alma? ¿O es la unión misma lo que define el ser? Su vínculo refleja esa ambigüedad.
RLP: La novela también explora una sociedad que teme y rechaza a los “Desvinculados”. ¿Qué te llevó a crear ese conflicto cultural?
Jonah Bennett: Me interesaba explorar cómo la sociedad responde al cambio radical y a lo que no puede comprender. Los “Desvinculados” representan a aquellos que rompen con las normas establecidas, y la repulsión cultural hacia ellos habla del miedo a la diferencia, al otro. Quise usar ese rechazo para reflexionar sobre la exclusión, la identidad colectiva y cómo el miedo puede deformar la percepción de lo que es humano.
RLP: La ambientación de KAEL es sumamente rica, con espacios como el Jardín de las Memorias Muertas o las Grutas mismas, que parecen tener una vida propia. ¿Cómo construiste este mundo tan particular?
Jonah Bennett: La creación del mundo de KAEL fue un proceso muy orgánico, casi como si fuera una excavación arqueológica interna. Quería que esos espacios fueran extensiones simbólicas del estado psíquico y espiritual de los personajes, particularmente de Kael. El Jardín de las Memorias Muertas, por ejemplo, es un lugar donde lo olvidado toma forma, y refleja la fragilidad de la memoria y la identidad. Las Grutas, por otro lado, son como un ecosistema emocional y metafísico, donde el entorno se moldea por las emociones y pensamientos de quienes las habitan. Esto me permitió jugar con una ambientación que no solo es física, sino profundamente psicológica y metafórica.
RLP: La interacción entre cuerpo y alma es uno de los ejes centrales de la novela. ¿Consideras que tu obra dialoga con alguna corriente filosófica o espiritual particular?
Jonah Bennett: Sin duda. Hay ecos del dualismo cartesiano, claro, pero también un diálogo con tradiciones gnósticas y algunos planteamientos contemporáneos sobre la conciencia y la identidad. Lo que me interesaba era romper con la visión simplista del alma como algo inmutable y separado, y en cambio mostrarla como algo dinámico, conflictivo y cambiante. También, desde la perspectiva espiritual, quería explorar la posibilidad de que la identidad humana no es una esencia fija, sino un proceso en continuo devenir, entrelazado con fuerzas internas y externas.
RLP: La novela tiene un lenguaje muy cuidado, con un tono literario que a veces roza la poesía. ¿Qué te llevó a escoger este estilo?
Jonah Bennett: Quise que el estilo literario reflejara la densidad y complejidad de las ideas que quería abordar. La poesía y el lenguaje culto aportan una atmósfera de solemnidad y misterio, que me parece esencial para un tema tan intangible y profundo como el alma y la identidad. Además, buscaba que la lectura fuera una experiencia sensorial, no solo intelectual, para que el lector sintiera la resonancia emocional y espiritual del viaje de Kael.
RLP: La figura de Kael es compleja y multifacética. ¿Podrías hablarnos un poco sobre su construcción como personaje?
Jonah Bennett: Kael es, en muchos sentidos, un reflejo de la lucha interna que todos experimentamos, aunque en un plano mucho más metafísico. Quería que fuera alguien que no se resigna a aceptar la realidad tal cual se le presenta, que cuestiona profundamente la naturaleza de su ser y su relación con su alma. Su viaje es tanto externo como interno, y su evolución representa esa búsqueda constante de identidad y reconciliación con uno mismo. Desde el punto de vista narrativo, Kael debe ser complejo, lleno de contradicciones, para que el lector pueda identificarse con su conflicto y su transformación.
RLP: En la novela, las relaciones entre los personajes también tienen un trasfondo filosófico y espiritual muy marcado. ¿Cómo trabajaste estas dinámicas?
Jonah Bennett: Cada relación en la novela está imbuida de significados que van más allá de lo puramente interpersonal. Por ejemplo, la relación de Kael con su alma es una metáfora de la tensión entre lo físico y lo espiritual, entre lo consciente y lo subconsciente. Las otras relaciones también reflejan distintas maneras de entender la unión y la separación, la coexistencia y el conflicto. Fue un trabajo de equilibrar la emoción humana con ideas más abstractas, sin que la trama se volviera demasiado intelectual o fría. La emoción, al final, es lo que le da vida a la filosofía.
RLP: ¿Hubo alguna influencia literaria o filosófica que moldeó especialmente el carácter de Kael?
Jonah Bennett: Más allá de las influencias clásicas, como Kafka o Dostoyevski, diría que la filosofía existencialista y ciertos textos gnósticos tuvieron un peso importante. La idea de un ser que busca sentido en un mundo fragmentado y la exploración de una identidad no fija fueron claves. Además, en el terreno espiritual, me inspiró la noción de que el alma puede estar fragmentada o atrapada, lo que se refleja en la búsqueda de Kael por reunir y restaurar lo que ha perdido.
RLP: El mundo subterráneo que describes en KAEL es fascinante y profundamente simbólico. ¿Cómo concebiste ese universo y qué intención tenía dentro de la historia?
Jonah Bennett: El Pleroma, como lo concebí, es una extensión del alma humana en estado puro y, al mismo tiempo, un espacio de posibilidades infinitas. Quería que ese mundo fuera tan tangible como etéreo, donde las emociones y los pensamientos moldean el entorno físico. La idea era crear un lugar que funcionara como un espejo deformante pero revelador del interior de Kael y de quienes habitan ese plano. Es un espacio donde lo intangible cobra forma, y donde el protagonista debe confrontar no solo amenazas externas, sino sus propias sombras internas.
RLP: Esa fusión entre lo físico y lo espiritual se siente muy original. ¿Cómo lograste equilibrar la complejidad de esos conceptos para que resultaran accesibles y emocionales para el lector?
Jonah Bennett: Fue un proceso de mucha prueba y error. Sabía que la abstracción podía ser difícil de asimilar, por eso usé imágenes poéticas y metáforas que evocaran sensaciones más que explicaciones lógicas. La clave estuvo en vincular esos elementos abstractos a la experiencia emocional de Kael: su miedo, su esperanza, su confusión. Si el lector siente esas emociones, puede sumergirse en ese universo sin perderse en la complejidad conceptual. También cuidé que la prosa tuviera una musicalidad que ayudara a transportar al lector más allá del plano racional.
RLP: ¿Qué papel juegan las criaturas como los Zenkh dentro de ese mundo, y qué simbolizan?
Jonah Bennett: Los Zenkh son manifestaciones de almas fragmentadas, perdidas en ese mar de posibilidades que es el Pleroma. Simbolizan el dolor de la desconexión, pero también la esperanza de la reintegración. En cierto sentido, son una advertencia de lo que puede ocurrir cuando uno se pierde a sí mismo, pero también un recordatorio de que la salvación siempre está al alcance, aunque sea un camino tortuoso. Son seres a la vez trágicos y bellos, y su presencia aporta una dimensión de profundidad al relato sobre la identidad y la pertenencia.
RLP: La dualidad entre cuerpo y alma es un tema recurrente en tu obra, y en KAEL lo exploras desde múltiples ángulos. ¿Qué te llevó a centrarte en esta dicotomía?
Jonah Bennett: Desde siempre me ha fascinado esa tensión esencial entre la materia y el espíritu, entre lo tangible y lo intangible. El cuerpo nos ancla al mundo físico, pero el alma parece ser el espacio de nuestra verdadera libertad o condena. En esta novela quise poner ese conflicto al frente para mostrar cómo las dos partes no solo se complementan, sino que pueden entrar en un combate constante por la dominación o la armonía. Creo que esta dualidad es una metáfora profunda para las luchas internas que todos enfrentamos: entre razón y emoción, entre instinto y conciencia.
RLP: ¿Crees que en la actualidad esa división sigue siendo tan marcada en la forma en que entendemos la identidad humana?
Jonah Bennett: Definitivamente, aunque creo que cada vez hay una mayor conciencia sobre la interconexión entre cuerpo y alma, o mente y cuerpo si prefieres. Sin embargo, las estructuras sociales y culturales tienden a privilegiar lo material, lo visible, lo inmediato, y muchas veces dejan de lado la complejidad espiritual o emocional. Mi obra busca cuestionar ese paradigma y proponer una visión más integrada, donde la identidad no es algo fijo ni exclusivamente corporal, sino un proceso en constante evolución y negociación entre distintos planos del ser.
RLP: En ese sentido, ¿qué mensaje esperas que los lectores se lleven al terminar la novela?
Jonah Bennett: Espero que se lleven la idea de que nuestra existencia es más rica y compleja de lo que solemos admitir, que la identidad no es un punto fijo, sino un flujo, y que el encuentro con uno mismo —con todas sus sombras y luces— es un acto de coraje. Y también, que la simbiosis entre cuerpo y alma no tiene que ser una lucha, sino puede ser una danza, una alianza que nos permita trascender las limitaciones que creemos inamovibles.
RLP: La novela presenta un universo subterráneo, el Pleroma, lleno de símbolos y mitologías propias. ¿Cuál fue tu proceso creativo para construir ese mundo tan rico y complejo?
Jonah Bennett: La creación del Pleroma fue uno de los desafíos más fascinantes. Quería que fuera un lugar que funcionara a varios niveles: como escenario físico, como espacio metafórico, y como sistema simbólico para explorar las ideas sobre la identidad, la memoria y la espiritualidad. Para ello, me inspiré en diversas tradiciones filosóficas y esotéricas, desde el gnosticismo hasta el surrealismo, además de referencias literarias y artísticas que evocan el inconsciente y el misterio.
Trabajé mucho en la atmósfera, buscando que el entorno respondiera a las emociones y estados internos de los personajes, un concepto casi orgánico donde el espacio y el alma se imbrican. Así, las Grutas no son solo un lugar, sino un espejo y un catalizador del viaje interno de Kael. La mitología del Pleroma, con sus criaturas y jerarquías, nace de la necesidad de dar forma a esas fuerzas invisibles que moldean nuestra psique.
RLP: ¿Hay alguna influencia particular de otras obras o mitos que haya marcado esta construcción?
Jonah Bennett: Sí, sin duda. Obras como La Divina Comedia de Dante, con su estructura simbólica del inframundo, fueron una referencia clara. También me influenció mucho la mitología gnóstica, que habla de mundos interiores y la fragmentación del alma, muy acorde con la trama central. En el plano más moderno, autores como Borges o Angela Carter me inspiraron por su habilidad para crear realidades paralelas con profundas implicaciones filosóficas.
Pero más allá de influencias directas, traté de que el Pleroma tuviera su propia identidad, un mundo que fuera a la vez reconocible y extrañamente nuevo, una metáfora viva que invitara al lector a reflexionar sobre los límites de la existencia.
RLP: En tu novela, el concepto de alma es tratado desde una perspectiva bastante original, casi científica y metafísica a la vez. ¿Cómo llegaste a esta visión tan particular?
Jonah Bennett: La noción del alma en KAEL es, en cierto modo, un híbrido entre la espiritualidad clásica y una especie de exploración científica-filosófica. Quería romper con la idea tradicional del alma como algo estático y eterno, para convertirla en un ente dinámico, mutable, casi experimental. Esto me permitió explorar temas como la identidad fragmentada, la memoria como un sistema de datos y la conciencia como un fenómeno emergente.
Mi acercamiento vino de leer tanto textos filosóficos contemporáneos sobre la mente y la conciencia, como también investigaciones en neurociencia y teorías de la información. La novela se convirtió en un terreno donde esas ideas podían dialogar con mitos antiguos y la experiencia humana profunda, dando lugar a una visión del alma que no es solo un concepto metafísico, sino también un “objeto” sujeto a manipulación, corrupción y evolución.
RLP: Esa complejidad da a la historia una profundidad única. ¿Crees que esta visión puede desafiar creencias tradicionales?
Jonah Bennett: Absolutamente. Para mí, la literatura debe hacer eso: desafiar, provocar, abrir preguntas en vez de ofrecer respuestas definitivas. Creo que KAEL invita a pensar en qué somos realmente, cuál es la relación entre cuerpo y espíritu, y cómo esas nociones pueden cambiar a medida que avanzamos como especie y como individuos. No pretendo dar una doctrina, sino abrir un espacio para la reflexión.
RLP: En la novela, la relación entre Kael y su alma transita por una evolución dramática y filosófica profunda. ¿Qué simboliza esta relación para ti?
Jonah Bennett: La relación entre Kael y su alma es, en esencia, una metáfora para la lucha interna que todos enfrentamos: la tensión entre lo que somos, lo que creemos ser, y lo que podríamos llegar a ser. El alma, en este contexto, es un reflejo de nuestros deseos más profundos, nuestras dudas y nuestras contradicciones. A través de esa dualidad, exploro el conflicto entre identidad y alteridad, entre autonomía y fusión, que se manifiesta tanto en el plano espiritual como en el existencial.
Para mí, Kael representa ese humano fragmentado que busca integrarse consigo mismo, mientras que su alma encarna la parte libre, a veces salvaje, que quiere romper moldes y buscar nuevas formas de ser. La novela es un recorrido por esa búsqueda de equilibrio, de simbiosis inversa, que cuestiona si la verdadera identidad es fija o fluida.
RLP: ¿Crees que este conflicto interno es universal?
Jonah Bennett: Sí, creo que es un tema que toca a todos, aunque no siempre lo reconozcamos con esa profundidad. La novela utiliza ese conflicto como una lente para explorar temas más amplios como la alienación, la integración, y la evolución personal y social. En ese sentido, Kael no es solo un personaje, sino un espejo donde cada lector puede encontrar fragmentos de su propia búsqueda.
RLP: Para finalizar, Jonah, ¿qué esperas que los lectores se lleven después de adentrarse en KAEL?
Jonah Bennett: Más allá de la trama o la ambientación, deseo que los lectores se enfrenten a sus propias preguntas internas. Que la novela les invite a reflexionar sobre la complejidad de la identidad, la relación entre el cuerpo y el alma, y sobre cómo nos definimos a nosotros mismos en un mundo que cambia constantemente. Que comprendan que el viaje hacia la integración personal es un proceso continuo, lleno de contradicciones, renuncias y, sobre todo, descubrimientos.
Quiero que se sientan desafiados, intrigados, pero también acompañados en esa exploración. Si KAEL consigue abrir una puerta hacia una mirada más profunda sobre uno mismo y el otro, entonces habré cumplido mi propósito.
RLP: Muchas gracias, Jonah, por compartir tu tiempo, tu mundo y tu visión con nosotros.
Jonah Bennett: El placer ha sido mío. Gracias a vosotros por crear este espacio para dialogar sobre literatura que invita a pensar y sentir.


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